Antes de enseñar tecnología: Quiero
comprender a los estudiantes en
tiempos de inteligencia artificial
Introducción
¿Qué significa ser maestro en una época donde las máquinas también producen
respuestas? Esta pregunta orienta la reflexión desarrollada a partir del curso de Convivencia
y Resolución de Conflictos. Vivimos en una sociedad marcada por transformaciones
tecnológicas que han modificado la manera en que nos comunicamos, aprendemos y
accedemos al conocimiento. Dentro de estos cambios, la inteligencia artificial ocupa un
lugar cada vez más importante, pues permite responder preguntas, generar textos,
organizar información y resolver problemas en cuestión de segundos.
Como estudiante de Licenciatura en Diseño Tecnológico, he utilizado estas herramientas
para estudiar y comprender temas complejos. Esta experiencia me permitió reconocer sus
beneficios, pero también cuestionar aspectos relacionados con el aprendizaje, la autoría y el
papel del docente. Más allá de discutir si la inteligencia artificial es positiva o negativa para
la educación, considero necesario reflexionar sobre cómo construir procesos educativos
significativos en una época donde las respuestas parecen estar siempre disponibles.
Durante este curso comprendí que los estudiantes no llegan al aula únicamente con
conocimientos o dificultades académicas. También llegan con experiencias, emociones,
expectativas y formas particulares de interpretar el mundo. Por esta razón, he comenzado a
entender que antes de enseñar tecnología es necesario comprender a los estudiantes.
Para desarrollar esta reflexión retomo las ideas de Massimo Recalcati en La hora de clase,
el cuento El otro de Jorge Luis Borges y los modelos de resolución de conflictos estudiados
durante el semestre. A partir de estos elementos sostengo que el papel del maestro
continúa siendo fundamental porque ninguna tecnología puede reemplazar completamente
la capacidad humana de escuchar, orientar, acompañar y construir sentido junto a otras
personas.
La escuela contemporánea entre Edipo, Narciso y Telémaco
Massimo Recalcati plantea que las transformaciones de la escuela reflejan cambios más
amplios en la manera en que la sociedad entiende la autoridad, el conocimiento y las
relaciones humanas. Para explicar este proceso propone tres figuras simbólicas: la
escuela-Edipo, la escuela-Narciso y la escuela-Telémaco.
La escuela-Edipo representa una educación basada en la autoridad tradicional. En este
modelo, el docente ocupa una posición central y su palabra constituye la principal fuente de
conocimiento. Aunque esta estructura permitió organizar la vida escolar durante mucho
tiempo, también limitó la participación activa de los estudiantes y favoreció prácticas
centradas en la obediencia y la memorización.
Posteriormente surge la escuela-Narciso, caracterizada por el debilitamiento de la autoridad
y la creciente importancia de los deseos individuales. En este contexto predominan la
búsqueda de satisfacción inmediata, el reconocimiento constante y el acceso rápido a la
información. Las redes sociales, las plataformas digitales y las herramientas de inteligencia
artificial forman parte de esta realidad, donde muchas veces parece más importante obtener
respuestas rápidas que desarrollar procesos profundos de comprensión.
Frente a estas dos formas de entender la educación, Recalcati propone la
escuela-Telémaco. Inspirada en el personaje de la Odisea, esta figura recupera una
autoridad basada en el acompañamiento y el reconocimiento. El maestro deja de ser un
dueño absoluto de la verdad para convertirse en un referente que orienta, despierta la
curiosidad y ayuda a los estudiantes a construir sentido.
Esta propuesta resulta especialmente relevante en la actualidad porque el principal desafío
educativo ya no consiste en acceder a la información, sino en aprender a interpretarla
críticamente. La inteligencia artificial puede proporcionar respuestas inmediatas, pero no
puede sustituir la experiencia humana de acompañar procesos de aprendizaje ni la
capacidad de comprender las necesidades particulares de cada estudiante.
Dos ideas de Recalcati resultan fundamentales para comprender esta realidad. La primera
es que enseñar no significa únicamente transmitir información, sino despertar el deseo de
aprender. La segunda es que la educación constituye un encuentro humano que no puede
reducirse a procedimientos técnicos. En consecuencia, el valor del docente no depende
exclusivamente de lo que sabe, sino de su capacidad para inspirar, orientar y construir
relaciones significativas.
Desde esta perspectiva, el reto de los futuros docentes de Tecnología e Informática no
consiste en competir con la inteligencia artificial. El desafío consiste en utilizar la tecnología
como una herramienta que favorezca el pensamiento crítico, la creatividad y la formación
humana. Precisamente esta reflexión conduce a una pregunta fundamental: ¿qué ocurre
con nuestra identidad y nuestra capacidad de pensar cuando nuevas tecnologías participan
en la construcción de aquello que escribimos y aprendemos?
Borges, la identidad y la pregunta por la autoría
La reflexión propuesta por Recalcati conduce a una pregunta fundamental: si las
tecnologías participan cada vez más en la producción de conocimiento, ¿qué ocurre con
nuestra propia voz? Esta inquietud encuentra un interesante punto de encuentro con el
cuento El otro de Jorge Luis Borges.
En este relato, Borges imagina un encuentro entre dos versiones de sí mismo separadas
por el tiempo. Aunque ambos personajes comparten una misma identidad, cada uno
interpreta su experiencia de manera diferente. La historia plantea preguntas sobre la
memoria, el cambio y la construcción de la identidad personal.
Esta reflexión resulta especialmente relevante en el contexto actual, donde la inteligencia
artificial participa cada vez más en actividades relacionadas con la lectura, la escritura y el
aprendizaje. Herramientas capaces de producir textos completos, corregir errores y
organizar argumentos han generado debates sobre la autoría y la honestidad académica.
Sin embargo, considero que el problema va más allá de determinar quién escribió un texto.
La cuestión central consiste en comprender cómo estas tecnologías modifican nuestra
relación con el pensamiento.
Cuando una persona utiliza inteligencia artificial para estudiar o desarrollar una actividad
académica, continúa participando activamente mediante preguntas, decisiones y elecciones.
No obstante, tampoco puede afirmarse que el resultado sea exclusivamente suyo. Se
produce una interacción constante entre la persona y la herramienta tecnológica.
Esta situación recuerda el diálogo entre los dos Borges. Ninguno desaparece
completamente ni domina la conversación de manera absoluta. Ambos participan en la
construcción de una experiencia compartida. De manera similar, cuando interactuamos con
sistemas de inteligencia artificial nuestras ideas se mezclan con las respuestas que
recibimos.
El verdadero riesgo no radica en la existencia de estas tecnologías, sino en la posibilidad de
aceptar sus respuestas sin reflexión crítica. Aprender no significa acumular información ni
reproducir automáticamente aquello que otros producen. Significa desarrollar la capacidad
de cuestionar, argumentar y construir una comprensión propia de la realidad.
Por esta razón considero que la tarea educativa no consiste en rechazar la inteligencia
artificial, sino en enseñar a convivir críticamente con ella. Los estudiantes necesitan
aprender a contrastar fuentes, verificar información y formular preguntas significativas. De lo
contrario, corren el riesgo de convertirse en consumidores pasivos de respuestas
elaboradas por otros.
Tanto Borges como Recalcati coinciden, desde perspectivas distintas, en una idea
fundamental: la educación tiene que ver con la construcción de una identidad intelectual
propia. Aprender implica desarrollar una voz personal capaz de dialogar críticamente con el
mundo. En este proceso, el papel del maestro continúa siendo indispensable porque
ninguna tecnología puede reemplazar completamente la experiencia humana del diálogo, la
reflexión y el acompañamiento.
Un conflicto escolar en tiempos de inteligencia artificial
La incorporación de la inteligencia artificial en los espacios educativos ha generado nuevas
oportunidades de aprendizaje, pero también nuevos conflictos. Un ejemplo frecuente ocurre
cuando un estudiante utiliza estas herramientas para elaborar una actividad académica y el
docente cuestiona la autenticidad del resultado.
A simple vista, esta situación parece reducirse al incumplimiento de una norma. Sin
embargo, un análisis más profundo permite identificar preocupaciones relacionadas con la
confianza, la responsabilidad académica, la autoría y la calidad del aprendizaje.
Desde la perspectiva del Modelo Harvard, resulta importante distinguir entre posiciones e
intereses. La posición del docente podría expresarse como un rechazo al uso de la
inteligencia artificial en la actividad propuesta, mientras que la posición del estudiante podría
centrarse en la legitimidad de utilizar una herramienta tecnológica disponible. Sin embargo,
detrás de estas posiciones existen intereses más complejos.
El docente busca garantizar procesos auténticos de aprendizaje y promover el desarrollo del
pensamiento crítico. El estudiante, por su parte, intenta cumplir con sus responsabilidades
académicas utilizando recursos que considera útiles para alcanzar sus objetivos.
Comprender estos intereses permite transformar el conflicto en una oportunidad para
construir acuerdos más razonables sobre el uso de la tecnología.
El Modelo Transformativo aporta otra perspectiva al considerar el conflicto como una
posibilidad de crecimiento personal y fortalecimiento de las relaciones. En este caso, el
docente puede comprender mejor la realidad tecnológica de sus estudiantes, mientras que
estos pueden reflexionar sobre la importancia de construir conocimiento propio y asumir
responsabilidad frente a su proceso de aprendizaje.
Por su parte, el Modelo Circular-Narrativo invita a cuestionar las historias simplificadoras
que suelen aparecer en este tipo de situaciones. No todos los estudiantes utilizan
inteligencia artificial porque desean evitar el esfuerzo, ni todos los docentes rechazan la
innovación tecnológica. Cuando estas narrativas se transforman, surgen nuevas
posibilidades de diálogo y comprensión mutua.
Este análisis permite concluir que el conflicto no gira únicamente alrededor de la tecnología.
En realidad, pone de manifiesto preguntas más profundas relacionadas con la confianza, la
autoridad, la responsabilidad y el aprendizaje. Por ello, las instituciones educativas
necesitan promover espacios de diálogo que permitan reflexionar colectivamente sobre el
papel de la inteligencia artificial en la formación de los estudiantes.
La inteligencia artificial y la convivencia escolar
Uno de los aprendizajes más importantes de este curso fue comprender que la convivencia
escolar no consiste únicamente en evitar conflictos. Convivir implica reconocer diferencias,
gestionar desacuerdos y construir relaciones basadas en el respeto y la cooperación. En
este sentido, los conflictos forman parte natural de la vida escolar y pueden convertirse en
oportunidades para el aprendizaje cuando se abordan de manera constructiva.
La expansión de la inteligencia artificial ha introducido nuevos desafíos para la convivencia
educativa. Actualmente surgen preguntas relacionadas con la autoría de los trabajos
académicos, el uso responsable de la tecnología, la honestidad intelectual y los límites entre
apoyo tecnológico y aprendizaje autónomo. Estas situaciones pueden generar tensiones
entre docentes y estudiantes, especialmente cuando predominan la desconfianza o la falta
de comunicación.
En algunos casos, los docentes perciben que la inteligencia artificial puede debilitar el
esfuerzo académico y la construcción autónoma del conocimiento. Por otro lado, algunos
estudiantes consideran que estas herramientas forman parte de su realidad cotidiana y representan recursos legítimos para aprender y resolver problemas. Cuando ambas
perspectivas se enfrentan sin espacios de diálogo, la relación pedagógica puede
deteriorarse.
Por esta razón, considero que la convivencia escolar debe incluir procesos de reflexión
colectiva sobre el uso de la tecnología. No se trata de aceptar la inteligencia artificial sin
cuestionamientos ni de rechazarla completamente. El desafío consiste en aprender a
utilizarla de manera crítica, responsable y ética.
La convivencia se fortalece cuando existe escucha, reconocimiento y disposición para
comprender al otro. En este contexto, el docente cumple una función fundamental como
mediador, orientador y facilitador del diálogo. Más allá de transmitir contenidos, debe ayudar
a los estudiantes a enfrentar los desafíos éticos y sociales que acompañan el desarrollo
tecnológico contemporáneo.
Mi reflexión como futuro docente
La principal enseñanza que me deja este curso es que los conflictos no son simplemente
problemas que deben eliminarse. Son oportunidades para comprender mejor a las personas
y fortalecer las relaciones humanas.
Antes de iniciar mis estudios universitarios imaginaba que la labor de un docente de
Tecnología e Informática consistía principalmente en enseñar herramientas digitales y
conocimientos técnicos. Sin embargo, a medida que avanzo en mi formación, he
comenzado a comprender que la educación implica responsabilidades mucho más amplias.
Hoy considero que antes de enseñar tecnología debo aprender a comprender a mis
estudiantes. Comprenderlos significa reconocer que cada persona llega al aula con
experiencias, emociones, expectativas y dificultades diferentes. También implica entender
que detrás de muchos comportamientos existen historias personales que influyen
directamente en el aprendizaje.
Esta convicción se ha fortalecido a partir de la reflexión sobre la inteligencia artificial.
Aunque estas herramientas poseen capacidades cada vez más avanzadas para generar
información y resolver tareas complejas, existen aspectos fundamentales de la experiencia
humana que difícilmente pueden ser reemplazados por la tecnología. Una máquina puede
proporcionar respuestas, pero no puede construir vínculos de confianza ni acompañar
plenamente los procesos emocionales y personales que forman parte de la educación.
Por esta razón considero que el papel del maestro seguirá siendo indispensable. Las
tecnologías continuarán evolucionando y transformando las prácticas educativas, pero la
necesidad humana de ser escuchado, comprendido y acompañado seguirá existiendo.
Como futuro docente de Tecnología e Informática, deseo contribuir al desarrollo del
pensamiento crítico, la responsabilidad ética y el uso consciente de la tecnología. Asimismo,
espero construir espacios de aprendizaje donde estudiantes y docentes puedan crecer
conjuntamente a través del diálogo y la reflexión.
Conclusión
Al finalizar esta reflexión comprendo que la pregunta inicial continúa abierta. No sabemos
con certeza cómo será la escuela dentro de algunos años ni cuáles serán las tecnologías
que acompañarán a las próximas generaciones. Lo que sí sabemos es que los desafíos
educativos seguirán siendo profundamente humanos.
Las ideas de Recalcati muestran que la educación no puede reducirse a la transmisión de
información. Su propuesta de la escuela-Telémaco destaca la importancia de una autoridad
capaz de orientar, acompañar y despertar el deseo de aprender. Borges, por su parte, invita
a reflexionar sobre la identidad, la memoria y la autoría en un contexto donde las fronteras
entre la producción humana y la producción tecnológica son cada vez más complejas.
Finalmente, los modelos de resolución de conflictos enseñan que comprender al otro resulta
más valioso que imponer soluciones rápidas.
A lo largo de este ensayo he intentado mostrar que el verdadero desafío de la educación
contemporánea no consiste en decidir si la inteligencia artificial debe aceptarse o
rechazarse. El reto consiste en aprender a convivir críticamente con ella sin perder aquello
que da sentido a la educación: la formación de personas capaces de pensar, dialogar y
construir relaciones significativas.
Como futuro docente, considero que mi tarea no será competir con la inteligencia artificial.
Mi responsabilidad será ayudar a interpretar el mundo, acompañar procesos humanos y
fomentar el pensamiento crítico. Las máquinas pueden producir respuestas con gran
rapidez; los maestros, en cambio, continúan teniendo la responsabilidad de abrir preguntas,
inspirar aprendizajes y construir experiencias humanas que ninguna tecnología puede
reemplazar completamente.
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